Tras la puerta de un retrete


El día que por fin conseguí olvidarte
se me ocurrió rendirte un solemne homenaje
escribiendo por última vez tu nombre
mientras hacía de vientre
tras la puerta de un maloliente retrete

Alas de ceniza

Quise escribir una obra maestra en tu memoria pero fracasé... Me hubiera conformado con haber escrito una sola línea que te hiciera justicia, un solo verso digno de estar dedicado a ti, mas nunca quedé convencido del resultado. Ni siquiera el título parecía aproximarse a lo que yo quería expresar. Mi torpeza en el uso de las palabras me hizo desistir. Sólo fui fiel en mi intento, pero mis propias palabras me traicionaron.

Un borracho rebelde y solitario

Me he enterado de que aquella chica
Que aparecía en mis sueños
Hoy pertenece a otros brazos.

Ahora no me importa,
Mi corazón ya ha sanado.
Vámonos de borrachera,
La vida me da otra bienvenida.

Las botellas no nos engañan
Y siempre se dejan besar.

Mañana tendré resaca pero me da igual.

¿Qué coños mira, señora?
Voy a echar una meada al callejón...

A ti, amigo, sí te sonríe el amor,
Te deseo mucha suerte, la que no tengo yo.

Yo voy a enamorarme del alcohol,
Así mantendré sano mi corazón.

Tú, amigo, no sigas mi camino,
Disfruta esos labios más dulces que el vino.

Yo seguiré siendo un borracho en la calle,
Rebelde y solitario, esperando la lluvia...

Raíces

Uno nace donde sea,

pero, qué coño,

uno no es de donde nace

ni de donde se hace;

uno no es de la tierra que ama

sino de aquélla que le ama.

Otoño en un parque

El día está terminando y la penumbra se mezcla
Con una extraña bruma que envuelve
a los árboles desnudos.
Claridad y tiniebla me hacen el mismo daño
Y en esta hora presiento que ambas se han aliado.

Todo en silencio, las ramas están quietas,
Solamente lloran hojas secas que se posan
A escasos metros de lo que ha quedado de mí.

Cielo pardo y melancólico,
Nubes negras como la noche,
Aire que trae fragancias de lluvia y llanto.

El sol se apaga, las farolas se encienden.
Su luz se difumina en mi retina,
Empañada de dolor y recuerdos.

No hay nadie en este parque, y no sé dónde ir.
Hace frío aquí, y estoy totalmente solo,
Perdido en este laberinto de infinitos caminos,
En este enjambre de sueños perdidos.

Mi mente recorre imágenes tan recientes
Como esa hoja seca recién caída del árbol.
En breves segundos se resume una vida:
En un suspiro, en una pisada,
En la trayectoria de una hoja que aterriza.

Mis ojos no pueden recordar otro día:
Lo tienen tan presente como la noche que se avecina,
Como el día qué después vendrá.

Es absurdo tratar de no llorar,
es inútil derramar una lágrima,
Tratar de entender algo tan sencillo.
Todo es tan distinto y tan parecido.

Estos días son iguales que aquéllos,
Hace el mismo frío, el mismo dolor.
La misma angustia, oscuridad, tristeza y rabia.

No ha cambiado nada, sólo ha pasado tiempo.

El parque gris también parece muerto,
Como quien camina perdido entre los árboles,
Confundido por el silencio y la prisa.
Huyendo sin dejar de mirar atrás
Vagabundo errante sin horizontes.

¿Qué es lo que ha quedado de mí?

Soy el mismo que fue ayer
El que había sido y estaba siendo
Idéntico al que sería, al que tal vez fuera.
No obstante hay un inmenso abismo hasta lo que era.

Como en una pesadilla mi corazón intenta gritar
Derramar una a una todas sus hojas secas
Desnudarse y sentir la savia nueva correr por mis venas.

Aquella muerte dejó bien atado el nudo de mi garganta.

Nada ha cambiado, todo es diferente.
¿Ha pasado un año? Sólo en el calendario
Mis sentimientos están intactos
Aunque mi pulso ha cambiado el compás.

No busco la salida de este largo túnel,
Sino la fuerza para dar un solo paso adelante.

¿Qué quedará de mí?
Algún día volveré a pertenecer a la tierra
Descenderé de la vida como hoja seca
Me llevará el viento, me posaré en la arena.
No sé cuándo ni dónde, pero sí que llevaré este mismo sentimiento.

Lo único nuevo serán las agujas que miden el tiempo.


Escrito en 1997, en memoria de Raúl Veda (1972-1996)

Luna llena en Navalguijo

Atraído por una extraña y a la vez conocida fuerza he venido a sentarme sobre esta cerca de piedra, desde la cual contemplo la luna llena a través de la frondosa enramada, y me estremezco cuando las nubes abren, a su vertiginoso paso, una ventana en el cielo.

Soplan con fuerza ráfagas de viento frío llevándose las nubes muy lejos, agitando las hojas de los árboles y provocando un apacible rumor que me hace sentir escalofríos. Por un momento la luz de la luna se refleja sobre la nieve acumulada en la ladera de las montañas y la visión me transporta a otro mundo muy diferente del escenario cotidiano en el que se desenvuelve mi vida. Después la ventana se cierra y de la luna sólo queda una aureola de luz tenue en el cielo.

En la distancia puedo distinguir el rumor del agua fluyendo río abajo y el majestuoso susurro del viento rozando las crestas de la sierra, y al mismo tiempo me parece estar escuchando una música de arpas.

Tengo la sensación de que en escasos segundos se me ha saciado el alma de vida y estoy totalmente seguro de que recordaré momentos como este durante todo el tiempo que me quede por vivir.

Mi corazón late acelerado y todo mi cuerpo está temblando. No, no tengo frío. Estoy emocionado, y ningún problema, ninguna preocupación, ni el más implacable dolor que esté soportando pueden arrebatarme este momento.

Esto es lo que había venido a buscar, y ya lo tengo. Me levanto y camino casi a tientas. Distingo varias sombras que merodean de incógnito. Por aquí cerca debe andar Dios.

De hecho, estaba hablando de Él sin darme cuenta, estaba hablando con Él sin pronunciar una sola palabra...