El día está terminando y la penumbra se mezcla
Con una extraña bruma que envuelve a los árboles desnudos.
Claridad y tiniebla me hacen el mismo daño
Y en esta hora presiento que ambas se han aliado.
Todo en silencio, las ramas están quietas,
Solamente lloran hojas secas que se posan
A escasos metros de lo que ha quedado de mí.
Cielo pardo y melancólico,
Nubes negras como la noche,
Aire que trae fragancias de lluvia y llanto.
El sol se apaga, las farolas se encienden.
Su luz se difumina en mi retina,
Empañada de dolor y recuerdos.
No hay nadie en este parque, y no sé dónde ir.
Hace frío aquí, y estoy totalmente solo,
Perdido en este laberinto de infinitos caminos,
En este enjambre de sueños perdidos.
Mi mente recorre imágenes tan recientes
Como esa hoja seca recién caída del árbol.
En breves segundos se resume una vida:
En un suspiro, en una pisada,
En la trayectoria de una hoja que aterriza.
Mis ojos no pueden recordar otro día:
Lo tienen tan presente como la noche que se avecina,
Como el día qué después vendrá.
Es absurdo tratar de no llorar,
es inútil derramar una lágrima,
Tratar de entender algo tan sencillo.
Todo es tan distinto y tan parecido.
Estos días son iguales que aquéllos,
Hace el mismo frío, el mismo dolor.
La misma angustia, oscuridad, tristeza y rabia.
No ha cambiado nada, sólo ha pasado tiempo.
El parque gris también parece muerto,
Como quien camina perdido entre los árboles,
Confundido por el silencio y la prisa.
Huyendo sin dejar de mirar atrás
Vagabundo errante sin horizontes.
¿Qué es lo que ha quedado de mí?
Soy el mismo que fue ayer
El que había sido y estaba siendo
Idéntico al que sería, al que tal vez fuera.
No obstante hay un inmenso abismo hasta lo que era.
Como en una pesadilla mi corazón intenta gritar
Derramar una a una todas sus hojas secas
Desnudarse y sentir la savia nueva correr por mis venas.
Aquella muerte dejó bien atado el nudo de mi garganta.
Nada ha cambiado, todo es diferente.
¿Ha pasado un año? Sólo en el calendario
Mis sentimientos están intactos
Aunque mi pulso ha cambiado el compás.
No busco la salida de este largo túnel,
Sino la fuerza para dar un solo paso adelante.
¿Qué quedará de mí?
Algún día volveré a pertenecer a la tierra
Descenderé de la vida como hoja seca
Me llevará el viento, me posaré en la arena.
No sé cuándo ni dónde, pero sí que llevaré este mismo sentimiento.
Lo único nuevo serán las agujas que miden el tiempo.
Escrito en 1997, en memoria de Raúl Veda (1972-1996)